martes, 24 de septiembre de 2013

¡Francotiradores de la fe!

¡Hola, hola, hola!

Querido lector... ¡No te asustes, no ha empezado una guerra en este blog-patata! El Papa no ha dejado de pedir la paz en este último mes, no vamos a ser menos aquí, jeje. Me refiero con el título de esta entrada a otro tipo de francotiradores, unos que no llevan armas, ni visten de camuflaje, pero que son igualmente peligrosos: los francotiradores de la fe.

¡Nos puede pasar a cualquiera, porque ser francotirador en la fe es una tentación para el cristiano! Consiste en aislarse, pensar que la fe se vive de manera individual, encerrarse en los dones que uno mismo tiene, dones buenos que son las armas de un francotirador para hacer la guerra por su cuenta (aunque sea con muy buena intención). El francotirador en la Iglesia se preocupa solo de sus cosas: del SU grupo (que se le ha asignado), de vivir SU oración y Misa bien (y si otro no lo hace, pues allá él), de SU método y modo para llevar a Dios a los demás (siempre solo, sin unirse a otros francotiradores, ¡y mucho menos a un gran ejército!). El francotirador no hablará nunca de "nuestra parroquia" sino de "mi gente", no dirá nunca "los jóvenes de la iglesia" sino "mi grupo", y, por supuesto, no le oiréis mencionar algo como "el grupo de catequistas parroquial" sino "mi catequesis".

Y qué queréis que os diga... El proceder así por parte de los cristianos me parece preocupante. Primero porque tanto centrarse en el propio yo hace que nos olvidemos del Tú de quien de verdad depende todo nuestro trabajo, del Tú quien la Iglesia lleva veinte siglos tratando de dar a conocer a cada persona. Tanto mirarse a uno mismo acaba por ponernos a nosotros en el centro, para de ese lugar a Jesucristo, a quien de verdad le corresponde estar. ¿Y si en vez de dar a los demás a Dios les damos a nuestro yo, a nuestras buenas cualidades y logros, de qué sirve? ¿De qué sirve ser un francotirador? De nada.

Segundo porque la Iglesia no es individualidad, es comunión. ¡Comunión! No conozco un solo lugar en la Biblia que diga que la fe, la esperanza y la caridad se viven aisladamente, ni que que la salvación dependa de uno individualmente. ¡Todo depende de Dios! Seguir a Dios significa ser cristiano; ser cristiano significa vivir en la Iglesia; vivir en la Iglesia significa vivir en comunión unos con otros. Jesucristo (claro) es a quien hay que mirar... ¿Acaso Él no quiso elegir a los apóstoles, y a los discípulos? ¿Os imagináis algún Santo que no haya vivido la comunión con los demás cristianos? Yo no. Bastante hay que aguantar a veces la incomprensión de un no creyente, como para que nos mostremos así también entre nosotros. En la contracorriente no vamos solos, vamos juntos, y Dios con nosotros.

Como dije, querido lector, esta es una tentación permanente en los cristianos, muchas veces muy bien disfrazada de bondad y cualidades excelentes, pero... ¡al fin y al cabo una tentación! Hay francotiradores de todo tipo, cada uno puede caer en ello en su nivel. ¿Y qué hacer? Fácil. Poner los medios para lo contrario. El individualismo siempre se contrarresta con la comunión, la división se vence con unión, los odios y envidias siempre se ganan con perdón y acogida. ¡Evangelio puro!

Querido lector, ¡qué alegría ser Iglesia! Qué paz da saber que donde uno no llega otro lo hará, y si no otro... ¡y que a todos los lugares donde llegamos y no llegamos siempre llega Dios! Así es Él.

Hasta más leernos por aquí, feliz día y que Dios te bendiga.

3 comentarios:

Angelo dijo...

Pues el título es generalísimo y me ha encantado. Tus palabras son muy alentadoras. Muchas gracias. Ya me gustaría escucharte en una homilía...
Abrazos y oraciones

Angelo dijo...

Quise decir originalísimo....

Maria del Rayo dijo...

Gracias Patxi. Me encanto tu entrada.
DTB!!