jueves, 26 de septiembre de 2013

El sentido de todo sufrimiento...

¡Hola, hola, hola!

Querido lector... ¡Problemas! ¡Sufrimientos! ¡Dolor! En la vida experimentamos de todo, y no todo es agradable. El mundo hoy nos vende la idea de que la felicidad está en sentirse siempre bien, sin dolor, sin problemas, sin sufrimientos, pero... Esta es una idea falsa porque... ¿Quien está libre de no sufrir nunca? ¿Quién está libre de sufrir una enfermedad, o la de un ser querido? ¿Quién está libre de un drama familiar grave? ¿Quién está libre de un problema en el trabajo, o por no tener trabajo? NADIE.

Si nadie está libre de un sufrimiento, ¡la felicidad no puede estar en no sufrir nunca! La felicidad es un estado permanente, no pasajero, no depende de tener o no sufrimientos, radica en algo mucho más profundo: en el corazón, en la entrega de la vida.

Lo cierto es que la fe no nos quitas los problemas y sufrimientos en la vida, lo que hace es darles un sentido. Dios en la cruz (que es el sufrimiento) nos enseña cómo se hace cercano a nosotros. Desde la cruz Jesucristo grita que conoce el sufrimiento, que sabe lo que es el dolor, que Él también es víctima de la injusticia, y que, por todo ello, se hace cercano a nosotros. No hay nada que suframos que Dios no comprenda. Quien ha pasado por el dolor puede comprender el dolor del otro. Eso es la cruz.

La cruz es esperanza. Es el lugar donde más unimos a Dios, donde más cerca le tenemos (aunque no le sintamos, pues no depende de eso). Por ello en la cruz tenemos que agarrarnos con más fuerza que nunca a Jesucristo. No existe una cruz vacía, no existe una cruz en la que Jesucristo no esté, y ello es garantía de que jamás estamos solos. Nadie quiere el sufrimiento pero, cuando viene, es Dios el que nos ayuda a verlo con otros ojos. Es en la cruz, mirándola con Dios donde se encuentra el sentido del dolor.

Escuchar la voz de Dios en la cruz puede resultar difícil. A veces se oye solo silencio. Pero es precisamente en el silencio donde más fuerte habla Dios, Él el amigo que sufre al lado de su amigo, en silencio.

Querido lector, tu felicidad no depende de cómo te encuentres. La verdadera felicidad, la auténtica alegría, depende de que seas capaz de descubrir que Otro ha dado su vida por tí, que nunca estás solos porque Dios no te deja, que también tu propia vida puede ser vivida como una entrega a los demás. El verdadero poder es el servicio. ¡Qué hermoso es vivir así!

Seguro que tengo otras cosas que escribir pero... ¡esas serán otras historias y tendrán que ser contadas en otro momento! ¡Hasta entonces pues! Dios te bendiga.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Cada uno tiene su cruz . hay que llevarla hasta el final,dichoso tu ti alguien te ayuda

Maria del Rayo dijo...

Eso es lo que realmente encuentro yo de felicidad.
Gracias!!
DTB!!

Militos dijo...

Me ha ayudado mucho leerte, gracias.

Fiat mihi (nuevo blog) dijo...

Gracias, Patxi.

Es un comentario aparentemente pobre, pero ese "gracias" contiene tantas cosas...

Un abrazo

Angelo dijo...

No me resisto a recordar la preciosa carta apostólica que Juan P.II, nos dejó (Salvifici Doloris)
Tu post como siempre... ¡alentador!