miércoles, 8 de agosto de 2018

Filipinas 4. Redemptoris Mater

Hola amigos.

Hola desde Manila. Aquí seguimos. Muy contento de estar aquí, impresionado por todo lo que estoy viviendo, guardando muchas cosas en el corazón, aprendiendo mucho. Como os digo siempre, todo lo que aquí escribo es pobre en comparación con lo vivido, pero bueno, algo quedará.


Hoy quiero contaros una experiencia preciosa que hemos vivido un grupito de nosotros. Aquí en Manila los hermanos de las Comunidades del Camino Neocatecumenal nos están ayudando mucho: nos invitan a sus Eucaristías los sábados y, como os dije en la entrada anterior, son ellos los que nos llevan por los barrios más pobres de Manila para anunciar la Palabra de Dios.

El otro día nos invitaron a ir al Redenptoris Mater de Manila, el seminario misionero donde treinta jóvenes chicos de distintas partes del mundo se están formando para ordenarse presbíteros para la evangelización. Y allí que nos fuimos.

Nos recibió David, un cura español y joven, responsable de la evangelización en las Islas Filipinas, para enseñarnos el lugar. Qué contaros: una preciosidad, un descanso, un hogar.

Os he contado en otras entradas el gran desorden y la gran suciedad que hay aquí: el tráfico es caótico, la basura se amontona por las esquinas de las calles a falta de cubos y papeleras, las moscas se arremolinan en torno a los puestos callejeros de comida... en medio de esto la limpieza, la belleza y el orden  de una casa de paz y Oración. Fue entrar, ver y descansar.

David nos explicaba que, como sucede en lugares de todo el mundo que tienen la iconografía neocatecumenal, se busca que haya una belleza que hable de Dios. Muchos de los seminaristas llegan allí rotos por las heridas del mundo, o con cargas muy pesadas (así somos los millenials). La belleza de su casa busca que al vivir allí se sientan amados. Una maravilla. Es el Amor, el sentirseamados, el único que puede sanar las heridas del corazón.

Sencillez y pobreza de vida la que allí tienen, pocos recursos, y sin embargo nos dan lo mejor que tienen para comer, y sacan los manteles más bonitos. A mi me conmueve. Es una lección de Evangelio. Cuantas veces a mi se me hace rutinaria la acogida de quien visita en la parroquia, y ellos no dudan un Segundo en dar lo mejor que tienen.

Nos invitan a rezar con ellos, si no, nada tiene sentido. En la capilla se escuchan salmos en igles, español y tagalo, recordándome una vez más lo grande y maravillosa que es la Iglesia, y la cantidad de gente que habla nuestro idioma misionero: la Fe. Un regalo.

Espero seguir contándoos más cosas muy pronto. Hasta entonces un abrazo desde la misión. Y gracias por las oraciones, siguen haciendo falta.

La paz.



2 comentarios:

Unknown dijo...

Bien merecido ese rato de paz, armonía y amor con los hermanos. Sin duda un regalo de nuestro Padre. Dios los bendiga y fortalezca más aun

Joaquin Mejia dijo...

Welcome to the Philippines, Father Patxi! God bless you. Sorry, I can't understand Spanish.