martes, 31 de julio de 2018

Filipinas 2. Las Sister

¡Hola amigos!

Hola desde Manila. Aquí hemos pasado ya la primera semana. Os cuento, ¡y de paso esta vez deciros que no hay Herrata el titulo!


Esta semana hemos empezado, además de seguir trabajando con los niños en el Hospicio, a visitar las dos casas que las Misioneras de la Caridad (si, si, las de Madre Teresa, coloquialmente llamadas las Sister) tienen en Manila. Una está dedicada al cuidado de niños especiales. Son majísimos. La otra, que está muy cerquita, atiende a hombres y mujeres ancianos, o con minusvalias, o con problemas mentales, o con un poco de todo.


Que deciros... muy impresionado... muy contento... son muchas las historias que hay detrás de cada uno. Los que pueden te las cuentan, los que no son las monjas las que ponen voz a sus vidas. Heridas muy grandes, que sólo Dios puede sanar y ayudar a abrazar.

Hoy mismo a uno de ellos le preguntamos si creía en Dios. Su respuesta: 101%. ¿Por qué? Porque un día quise matar a mi mujer por ser adúltera, pero vi un crucifijo mientras la esperaba y recordé que Jesús sufre conmigo. Porque una bala rozó sobre mi cabeza en una pelea de bandas y no me pasó nada (la cicatriz lo atestiguaba). Porque estoy solo y estas Hermanas me han acogido en su casa y dado una familia.

Otro contaba como con una enfermedad grave que le deforma los huesos había llamado a la puerta de las Sister. No podía ni andar. Le han acogido, le acompañan al médico, le dan las medicinas, alimento, vestido, y pronto podrá operarse y volver a trabajar y vivir en su casa. Donde muchos solo ven miseria, ellas ponen Misericordia, amor, ternura. Son unas grandes mujeres.

¿Nosotros que hacemos? Una gota en el mar. Pero que paz hacer esa gota. Lavamos la ropa y las sábanas, tendemos, fregamos cacharros, damos de comer a alguno. No salvamos a nadie. Lo repito: no salvamos a nadie. Dios nos salva a nosotros en el encuentro con ellos. Ayer un chico del grupo, Luis, nos decía como recuerda que en nuestro país mucha gente en estas situaciones de abandono que vive en residencias de todo tipo vive triste. Aquí todos sonríen. El hogar de las Sister es un verdadero oasis de esperanza en medio del desierto de Manila. Es un privilegio estar aquí. ¿Entendéis ahora por qué estamos tan contentos e imperesionados?

Estamos muy cuidados, en el Hospicio nos tratan muy bien, y tenemos a Ana y Pedro, españoles que viven aquí, que nos ayudan en todo. (Y el otro día nos llevaron a ver un volcán!).

Prometo contaros más cosas pronto. Gracias por vuestras oraciones. No paréis.

Dios os bendiga.

4 comentarios:

Yolanda Serrano dijo...

Muchísimas gracias x hacernos participes de esta maravillosa historia, envidia sana me dais.tratemos x vosotros yx esas personas.un abrazo para todos

Mento dijo...

Si ya se os nota en las caras :))))
Que feliz me hace saber de estas historias.
Abrazos, y dejad que los pobres para el mundo os sigan salvando.

rocioesther dijo...

Patxi sabes que te sigo siempre ..pero este camino que Dios os regala es una bendición de verdad.Gracias y dale un abrazo a D Pablo Esteve y a los chicos

Eva Maria Bustos Garcia dijo...

Q alegría poder esperimentar lo q estáis viviendo Patxi y q suerte teneros alli para aportar esa gota como tú dices... la Misericordia del Señor se ve en todas esas personas q vais a ayudar pero q son ellos los q os están dando el Amor del Señor a vosotros y a su vez a todos los q desde aquí os estamos encomendado en nuestras oraciones . Vivir esa experiencia ...