viernes, 27 de julio de 2018

Filipinas 1. El orfanato

¡Hola amigos, desde Manila!


Muy emocionado por estar aquí, y muy impactado, no puedo evitar escribir y compartir las impresiones desde la misión en esta bonita isla. Me acompaña mi amigo Pablo, también cura, y otros seis jóvenes (esperamos más) que hemos venido a vivir nuestro verano a las Islas Filipinas.
Son ya dos días y dos noches lo que llevamos en un Hospicio de las Hijas de la Caridad que acoge niños huérfanos, ancianos desamparados y personas con todo tipo de discapacidades. Los abandonados por la sociedad. Los pobres de Yahveh. Los favoritos del Señor.

El Hospicio es una maravilla, limpio y bien cuidado por las hermanas y los trabajadores del centro. Llama mucho la atención, porque Manila es un auténtico caos. Antes de venir me habían hablado de los problemas del trágico, ¡que locura! Los pasos de cebra apenas existen, las aceras se acaban cuando vas andando por ellas, y para poder cruzar las calles hay literalmente que parar el tráfico. Mola mucho cuando te acostumbran. Caos organizado. Me encanta.

Pero bueno, lo importante, os cuento que estos primeros días hemos estado acompañando a los niños más pequeños, desde los que tienen apenas un año a los que ya tienen cinco. La mayoría son niños huérfanos, muchos de ellos recogidos de las calles por alguna hermana, o abandonados en el altar de alguna iglesia. Estremece oírlo contar a las hermanas, y pensar el sufrimiento que han tenido que sufrir siendo tan pequeños. Se nota las carencias que tienen, la necesidad de afecto, la fragilidad para el lloro rápido en algunos. 

Y pese a todo esto impresionan sus sonrisas, se ríen mucho. Lo primero que alguien pensaría es que con tantas dificultades tan tempranas serian niños tristes... pero el amor, amigos, es eficaz, y el cuidado y cariño que aquí reciben les vuelve a hacer niños. Las heridas quedarán ahí para seguir siendo sanadas en los siguientes niveles de atención que proporciona el Hospicio, o por la adopción de unos buenos padres.

¿Nosotros que hacemos? Realmente poco. Damos nuestro tiempo, jugamos con ellos, cambiamos pañales, les damos de comer, lavamos sus platos, nos sentamos a su lado mientras nos miran. Y confiamos y pedimos a Dios que este amor también sea eficaces.

Estoy contento de estar aquí. Muy contento. Me ayuda pensar que yo no convierto a nadie, más bien que Dios me ayude a mí a través de los más sencillos de corazón, a recordar cada día por quien de verdad merece la pena vivir y dar la vida. ¡La comodidad europea nos hace olvidar tantas veces el centro! Os pido nos encomendéis, y contad con nuestras oraciones.

Habrá más historias. Si Dios quiere.

La paz.

5 comentarios:

Unknown dijo...

Bendito sea Dios en esos hombres y mujeres que se desgastan para dar a conocer el amor de Dios. Mil bendiciones y que brille la luz de Dios en todo momento

Yolanda Serrano dijo...

Si esos niños estan faltos de afecto dios les a mandado a las mejores personas,xq todos los que vais sois y derrochais puro amor.gracias por hacernos participe de esta bonita historia.que dios os bendiga.

Juan-Luis dijo...

Q bien!! Rezo x vstrs!!

Si trabáis contacto con los salesianos, mi amigo Manuel Rupérez acaba de llegar allá, su destino como religioso. Abrz!

Unknown dijo...

Hola a todos, que el Señor os da la fuerza para la misión,,dad y recibiréis,.muchos saludos a todos,pacxi bronchalo, ISABEL Y JAVIER, estarán contentos.

Anónimo dijo...

Dios los puso en el lugar correcto.