jueves, 9 de enero de 2014

Criticando destructivamente el envío de familias...

¡Hola, hola, hola!

Querido lector, quizás estuviste el pasado 29 de diciembre en alguna de las multitudinarias celebraciones de la Misa de la Sagrada Familia que hubo en Barcelona (por primera vez este año, lo cual está muy bien)  o en Madrid (donde ya es toda una tradición). Esta última tenía además una sorpresa muy especial: el envió por parte del Cardenal Rouco Varela de familias con la misión de evangelizar como iglesias domésticas en distintas partes del mundo.

Solo el hecho de que haya familias enteras capaces de dejarlo todo aquí para ir a una tierra desconocida y sin muchas seguridades humanas ya me parece admirable y valiente, todo un testimonio de fe. Y me da mucha pena que se aprovechen gestos de este tipo para cargar contra movimientos eclesiales, en este caso el Camino Neocatecumenal.

Críticas ha habido y, tristemente, habrá: que si es una locura ir a la misión a un país desconocido, que si este movimiento está fuera de la tradición de la Iglesia, que si son sectarios... Y de paso criticamos también al Cardenal que preside, a los sacerdotes que acompañan y a las personas de buena fe que también estaban allí. Lo cierto es que opinar es lícito, y la crítica constructiva es buena, pero aprovechar cada cosa que hacen para difamar y echar toda una obra de evangelización por tierra está mal. Es un anti-testimonio.

¿Cuántas veces acusamos a los movimientos de ser separatistas y cerrados en sí mismos y no nos damos cuenta de que nuestra actitud es la misma? Ya sabemos bien aquello de que "el que esté libre de pecado...". Para unos y para otros: el Evangelio es unidad, nunca división. En toda realidad eclesial habrá siempre tentación de critica y desunión hacia otros, lo malo es que no lo veamos solo como eso, como tentación, y dejemos que ello crezca y se propague en recelos y odios.

Cambio todas las críticas destructivas que se den hacia el Camino Neocatecumenal por el celo evangelizador y la radicalidad evangélica que he podido ver en muchos de sus miembros. Y lo mismo con otros movimientos eclesiales. Si la Iglesia los acoge en su seno, ¿somos nosotros más que Ella para ver quien tiene que estar dentro y fuera?

Esto, querido lector, lo escribe un cura impresionado y admirado por el envío del otro día, que no pertenece al Camino Neocatecumenal, ni a ningún otro movimiento, y que está convencido y siente a la Iglesia como Madre.

¡Hasta otra entrada, amigo!, y que Dios te bendiga.

1 comentario:

Maria del Rayo dijo...

Hay veces que la envidia corroe.
Veo por ese lado, envidia por no poder hacer lo mismo.
SL2!!