viernes, 28 de abril de 2017

¡Entrega de la vida!

Querido lector...

El otro día me lo decía un joven: "no quiero nada, no se que me pasa, lo tengo todo pero no quiero nada con Dios, me duele la rutina y al mismo tiempo me conformo con ella"

¿No te ha pasado nunca que caes en la cuenta con dolor de que el apoltronamiento se ha adueñado de tu vida? La rutina nos va poco a poco adormilando y un día nos damos cuenta de que nuestra fe está más débil, nuestra esperanza parece no encontrar donde agarrarse y nuestra caridad se convierte en hacer lo justito para no cansarnos e implicarnos demasiado. La tentación de la tibieza siempre está presente en nuestras vidas, no es raro, no hay que escandalizarse, pero al mismo tiempo no hay que acostumbrarse a ella.