miércoles, 5 de junio de 2019

La muerte de Noa Pothoven


Querido lector:


En los Países Bajos ha muerto eutanasiada Noa Pothoven, una adolescente de 17 años que pidió voluntariamente morir, después de  una vida de mucho sufrimiento por haber sido abusada por parte de un primo y de haber sido violada por dos desconocidos. Leer su historia me ha entristecido, y leer elogios y aplausos en las redes sociales por este modo de proceder lo ha hecho mucho más.


Que una menor pueda pedir morir así, sin posibilidad de que sus padres tengan algo que decir, no hace sino confirmar que, en el momento en que, con la ley humana cruzamos una línea puesta por la ley de la naturaleza, ya no hay fin. En Holanda la eutanasia comenzó a darse a pacientes adultos terminales, y ya se está aplicando a menores con sufrimiento psicológico y sin consentimiento paterno. 

Nuestro corazón está muy bien hecho, necesita dar sentido absoluto a la vida. Necesita a Dios. Cuando una sociedad ha dado la espalda a Dios hace del hombre el nuevo "dios", y de las leyes los nuevos dogmas. 

Decía el gran Dostoievski que "si Dios no existe todo está permitido". Esto puede parecer que trae una mayor libertad, pero en realidad nos deja sumidos en una gran confusión. Quitar a Dios supone que la línea entre el bien y el mal queda difuminada, y grandes males se nos presentan con apariencia de bienes, y a los bienes pasamos a llamarles males. La justicia se ve afectada.

En España estamos en pleno debate para legalizar la eutanasia. Se nos ponen casos extremos rodeados de una gran carga sentimental para convencernos a los que estamos al otro lado de las pantallas  de que no hay otro camino que como sociedad podamos tomar ante el sufrimiento de los débiles, porque el sufrimiento ha dejado de tener sentido, y los débiles también.

La realidad es que la eutanasia es siempre un fracaso social: es la derrota de una sociedad que cree defender al hombre acabando con su vida; la derrota de una sociedad que ha dejado de saber quién es por haber dejado de saber quién es Dios; la derrota de una sociedad que se cree sana por eliminar al débil pero que está moralmente enferma por no saber dar mas esperanza al que sufre que una jeringuilla.

Lamento mucho que una chica tan joven haya sufrido tanto. Lamento mucho que haya quien aplauda un final así. Y me pregunto, y te invito a preguntarte: ¿qué tienen que decir y hacer nuestra fe y nuestra libertad ante esto?

Hasta otra entrada, amigo lector. Dios te bendiga.

2 comentarios:

Almudena Martín-Albo dijo...

Qué cierta es esa difuminación y qué pocos lo entienden y lo ven así..hoy mis alumnos de 3º ESO decían "me parece bien, si ella lo quiso..."...La libertad: gran don de Dios y gran problema que le hace sufrir a El y a nosotros.
¡Saludos!

gosspi dijo...

Mucha, mucha oracion mi querido Patxi....y no callar ante semejante error...son los ultimos tiempos que ha de ver mucha confusión...y solo orando mantenemos el discernimiento. un abrazo en la Paz.