viernes, 8 de septiembre de 2017

¿A qué jugamos?

Querido lector:

El calendario de efemérides nos recordaba estos días que hace veinte años fallecía la Madre Teresa de Calcuta, la pequeña mujer que consiguió admirar al mundo con su sencillez y entrega alegre por los más pobres, en los lugares más pobres de la tierra.

El santoral nos hace recordado también estos días que hace veinte años nacía a la vida esta gran mujer, que con su existencia no ha hecho otra cosa que recordarnos que la vida no está para guardársela sino para entregarla, que el verdadero cristianismo nos es acomodado y burgués sino radical y extremo. Evangelio puro, que puede leerse para recordar.


Estos días me da mucho que pensar. ¡Cuántos buenos deseos! ¡Qué cantidad de buenos propósitos! ¡Cuántos juicios y análisis sobre el sufrimiento humano! ¡Cuantísimas buenas ideas de lo que hay que cambiar en el mundo! Cuánta teoría cómoda desde el sofá de nuestra casa, desde el bar de la esquina y desde detrás de los smartphones.

Cómo nos gusta teorizar, pero que poco mancharnos las manos. Cómo nos encanta adormecer nuestra conciencia pensando que qué bueno es que haya personas como Madre Teresa que hagan estas cosas. Cómo nos tranquiliza convencernos de que siempre habrá otros que arreglen lo que está mal en el mundo.

Si nuestro Bautismo no es para ser vivido, ¿para qué lo hemos recibido? ¿De qué sirve decir que somos cristianos si no luchamos cada día la batalla con Cristo para que Él reine en nuestra vida? Ni el apoltronamiento no es buen compañero para la santidad. El postureo es el fariseísmo del siglo XXI.

Creo, querido lector, que la vida de Madre Teresa, como la de otros santos, no es para que torzamos la cabeza y exclamemos ñoñamente y con las manos juntas: "¡qué bonito!", sino para que nos preguntemos seriamente: "¡y yo mientras que hago con mi tiempo!".

¿Qué ha hecho Dios por nosotros? ¿Qué hacemos nosotros por Él? ¿A qué jugamos?

Hasta otra entrada, amigo lector, Dios te bendiga.


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