lunes, 26 de septiembre de 2016

Caramelito de eutanasia infantil

"Hablo de los jóvenes adormentados, 
embobados y atontados, mientras otros 
—quizás los más vivos, pero no los más buenos— 
deciden el futuro por nosotros"

Papa Francisco

Querido lector... Esta semana me encuentro con una noticia que ha pasado desapercibida de nuestros focos mediáticos, ocupados estos días por continuar el bucle informativo del desgobierno que sufrimos.

Resulta que en Holanda un pediatra lanza la propuesta de abrir un hospital dedicado a la eutanasia de los peques, y aboga porque la ley deje decidir sobre esta cuestión a los menores de doce años, ¡pues de momento no se les permite sin consentimiento paterno!


Lo decía Dostoievski a través de uno de sus hermanos Karamazov: "Si Dios no existe todo está permitido". Cruzada la línea ética que nos dicta nuestra propia naturaleza ya no hay límite, y lo que hoy es escándalo y necedad para el más progre le hará quedar como un retrógrado en unos años. 

Pero claro, aún tratando de eliminar a Dios, el mal sigue siendo mal, y hay que disfrazarlo de capas de hermosa y aparente normalidad tranquilizadora de conciencias. Si hablamos de niños que deciden morir voluntariamente, y sin que sus padres puedan evitarlo, suena a escándalo. Pero si la cosa se realiza en un hospital específico, con dibujos de colores en las habitaciones, y con el estado garantizando burocráticamente que el asunto es legal... ¡Todo bien! Si lo permite un gobierno democrático occidental, elegido por la voluntad de la mayoría, entonces debe ser infalible.

Y así, con un disfraz de falsa bondad, se identifica lo bueno con lo dicho por la ley. Es como un caramelito relleno de veneno pero rodeado de un precioso envoltorio azul cielo. ¿Cuántos de esos caramelos nos vamos tragando en nuestra sociedad? Tantos que ya el veneno ni nos afecta, nos damos cuenta de no está rico, de que algo falla, pero nos adormecemos pensando que tendrá que ser así. ¿Qué mas da? ¡Mientras haya sociedad de bienestar qué importa otro caramelito pesticida! 

Hay mucho reflexionar y hacer. Yo creo que hay solución. ¿Por dónde empezar? Por reconocer que no todo lo que nos cuentan es bueno, por atreverse a pensar y cuestionar muchos de los caramelitos que nos hemos comido, por no cruzar la línea del "todo vale" y vivir con la conciencia embobada, por ser valiente y siempre defender al débil.

Por elegir a Jesucristo por encima de nuestro bienestar. Eso es ser cristiano.

Feliz día, amigo lector. Dios te bendiga.

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