viernes, 4 de marzo de 2016

Nunca les darán el Oscar

Querido lector, ayer hablaba con mi amigo Julián de la peli de Spotlight, ya sabes, la que ha ganado el Oscar como la mejor del presente año. Terrible y dramático los hechos que hay detrás. Nunca podré olvidar la contundente respuesta que Benedicto XVI dio al tema de los abusos, también es una lástima que ello no quede reflejado en el film.

Pero no es ese el tema que quería compartir con vosotros. No. Hoy quería hablaros de los sacerdotes que yo conozco, que, como supondréis son muchísimos. Hombres de Dios dedicados a los demás con toda su alma, mente, fuerza y corazón. Hombres cuyas historias jamás lograrán el Oscar a la mejor película.


Conozco sacerdotes que ayudan a los niños que sufren en sus casas el drama de la separación de sus padres y los problemas en casa, que les ayudan en medio de situaciones de violencia, que les hacen sonreír y estar tranquilos. Nunca darán a su historia el Oscar a la mejor película.

Conozco sacerdotes que acompañan a los jóvenes cuando estos se encuentran desorientados, cuando el sentido de vivir se les ha perdido, cuando las esclavitudes en forma de adicción se comen sus vidas y nadie parece querer escucharles. Nunca darán a su historia el Oscar a la mejor película.

Conozco sacerdotes que renuncian a buena parte de su sueldo para ayudar a las familias más desfavorecidas, que en estos tiempos de crisis han sostenido sin que nadie lo sepa el alimento y los libros del colegio de muchos niños. Nunca darán a su historia el Oscar a la mejor película.

Conozco sacerdotes que llevan sobre ellos el peso de sufrimiento de muchas personas con depresión, sin ganas de vivir, que comparten día tras día la cruz de la tristeza con tantos olvidados que tenemos muy cerca. Nunca darán a su historia el Oscar a la mejor película.

Conozco sacerdotes que pasan sus días en los hospitales, alentando a los que han recibido la trágica noticia de una enfermedad grave, consolando a personas que están viendo sufrir a un ser querido, quedándose junto a los moribundos que afrontan el paso de la muerte, especialmente con los que lo afrontan solos. Nunca darán a su historia el Oscar a la mejor película.

Conozco sacerdotes que comparten el día a día con presos en las cárceles, enseñando el perdón y la bondad de Dios en un ambiente casi infernal, ayudando a reconstruir la vida de quienes han cometido atropellos graves, tratando de darles un futuro mas allá de un nuevo delinquimiento al salir. Nunca darán a su historia el Oscar a la mejor película.

Conozco sacerdotes que dedican horas y horas a la enseñanza, educando más allá del mero conocimiento teórico, alentando a profesores que muchas veces sufren el desánimo que acompaña al mal comportamiento de algunos alumnos, hablando con las familias que piden ayuda para la educación en casa. Nunca darán a su historia el Oscar a la mejor película.

Conozco sacerdotes que pasan tardes enteras en residencias de ancianos, acompañándoles y escuchándoles, sonriéndoles y alentándoles. Pasando tiempo especialmente con aquellos que nunca reciben una sola visita de sus familiares. Nunca darán a su historia el Oscar a la mejor película.

Conozco sacerdotes que gastan su vida a miles de kilómetros de nuestro estado de bienestar, donde no hay nada mas que miseria. Mientras aquí nos quejamos de los mal que está todo y teorizamos con las posibles soluciones, ellos se están manchando las manos con los que menos tienen, enseñándoles que sus vidas son dignas, queridas, importantes para Dios. Nunca darán a su historia el Oscar a la mejor película.

Conozco sacerdotes que pasan largos tiempos de oración delante de un crucifijo hablando de tanto dolor y sufrimiento al Dios que se duele y sufre. Que ofrecen sus sacrificios y sus ayunos por rostros concretos con los que comparten sus vidas. Que celebran Eucaristías por aquellos más desfavorecidos con los que comparten el día a día. Nunca darán a su historia el Oscar a la mejor película.

Señores de Hollywood, yo conozco muchos sacerdotes buenos. Aquí estoy a su disposición, pregúntenme y les contaré sus historias. Eso si, estoy seguro, que todos ellos renunciarán a que les hagan una película que les alabe y les ensalce en lo que hacen. Y, eso también, todos ellos sufren, al igual que yo, cuando se nos ataca cruelmente y se nos acusa a todos injustamente de lo que no somos.

Otro de los sacerdotes que conozco me dijo una vez que ser sacerdote es vivir crucificado, y si no quería eso mejor que no me ordenase. Es verdad, es así. Los sacerdotes que conozco simplemente hacen lo que tienen que hacer, sin buscar la gloria. Nunca darán a sus historias el Oscar a la mejor película, y es mejor que así sea, pues sus vidas no son una película, son reales.

Un abrazo, amigo lector, y que Dios te bendiga. Hoy te pido, reces por los sacerdotes, ellos rezan por ti.

3 comentarios:

gosspi dijo...

Yo cuando veo estos ataques diabólicos....solo pienso que realmente estan fortaleciendome..conozco tantisimos sacerdotes SANTOS!!! que me ayudan inmensamente desde el cielo..y los que hay en la tierra pasan a veces desapercibidos...No nos entristezcamos...esto es combustible para la Iglesia, nuestra Madre que sigue dando hijos santos a la humanidad y está tranquilamente en La CRUZ Gloriosa de Cristo, nuestro Señor.

Irene Solis dijo...

Muchas Gracias Patxi por tu blog.
Te he nombrado para los premios Dardo en mi blog.
Un abrazo "hermanito"
https://conversacionesconelmundomudo.wordpress.com/2016/03/08/premio-dardos/

Encarna Romacho dijo...

Yo también conozco a estos sacerdotes y aseguró que todo esto es verdad .gracias patxi por tus palabras. Que Dios os bendiga