jueves, 14 de mayo de 2015

¡Mítines en las plazas!

Querido lector... Fácil es ver que estamos en estos días metidos de lleno en la campaña electoral. Carteles en paredes, titulares en periódicos y merchandaising con políticos sonrientes nos anuncian que tenemos que irnos preparando para celebrar la "fiesta de la democracia" metiendo un papel en un sobre y echándolo en una urna. Bueno es poder votar pero... ¡Nunca he entendido por qué lo llaman fiesta!

Reconozco que me interesa seguir la política y lo que unos y otros van diciendo desde todo el semicírculo espectral de partidos que tenemos. Me llama mucho la atención ver cómo los grandes mítines congregan a cientos y miles de personas que entre aplausos alaban al candidato de turno.


A nivel local me estoy encontrando por la calle en estos días muchos de estos mítines en nivel mini. Reuniones de diez o veinte personas en una plazoleta escuchando las bondades clamadas a grandes voces de la candidatura que toca. Y he visto a candidatos de partidos que han tenido problemas serios de escándalos y corrupción en los últimos meses salir con muchísima fuerza y sin ninguna vergüenza ni complejo a defender sus ideas.

Y me da por pensar... Si hasta las ideas más descabelladas se defienden en las calles, si hasta los partidos que ahora están más entre dicho salen a las plazas, si la endiosada política quiere hacerse en estos días el centro de todo lugar público, ¿por qué a los cristianos nos da tanto miedo salir a la calle y hablar de Dios?

Dice Juan Manuel Cotelo que nosotros tenemos el "mejor de los productos", pero somos "los que peor lo vendemos". El Evangelio habla de salvación, de vida eterna, de sentido ante la muerte, y si estos queda muy lejano, hablamos de felicidad en el mundo, de corazones colmados, de caridad en vez de ídolos como solución a la crisis... ¡Y nosotros nos callamos esto! 

¡Pero como es posible! ¡Suena ridículo que personas con ideas políticas mas que trasnochadas salgan valientemente a las calles y nosotros nos muramos de la vergüenza si nos ven salir de la iglesia! ¡Es absurdo que desde los altares políticos no se dejen de proclamar tontas soluciones materialistas al problema del corazón del hombre y nosotros no seamos capaces de hablar públicamente de lo único que de verdad cura dicho corazón, por miedo a ser señalados o por no contrariar a nadie! ¿En qué momento hemos dejado que se hable de la democracia como una gran fiesta y del cristianismo como la mayor de las tristezas y miedos? ¡Valentía! ¡Honor! ¡Alegría! ¡El Evangelio es eso! Al mundo que nos contraría hay que salvarlo, no ignorarlo ni esconderse de él. ¡Es urgente! Jesús no tenía miedo a ser señalado.

¡Perdona si es fuerte, amigo lector! Escribo con una sonrisa. ¡Deseo tengas buen día! Dios te bendiga.



1 comentario:

Pacopuu dijo...

Pues tienes toda la razón y cuando alguien tiene toda la razón no queda otra que aplicarse el cuento: Jesús no tenía miedo de ser señalado, pues yo aunque lo tenga, me lo aguanto. Gracias.