viernes, 8 de mayo de 2015

La nueva religión

Querido lector, el otro día caminando entre tienda y tienda haciendo recados me encontré con una publicidad que logró su objetivo de llamar la atención. La nueva campaña de Canal Plus para promocionar sus series toma de manera banal todo tipo de elementos cristianos para vendernos en photoshopeados carteles la necesidad que tenemos de esta "nueva religión".

Así lo definen en su página web:

"Nuestro pecado es estar enganchados y nuestra penitencia tener que esperar días por una nueva dosis más en forma de capítulo. Sufrimos nuestro propio éxtasis ante un maratón de series y vivimos el spoiler como la mayor de las herejías.
Si para ti son algo más que un simple entretenimiento, tranquilo, no estás solo. Los que adoramos las series estamos en todas partes, somos legión. Y CANAL+, nuestro templo".
Más allá de contarte, amigo lector, mi opinión sobre esta campaña marketiniana (creo que te la puedes imaginar), quería hablarte de la reflexión que me hago ante una publicidad como esta. Y es la de que el sentido religioso del hombre no se puede callar, está presente en nosotros de manera natural un deseo de plenitud y felicidad que no podemos negar. Las acciones que vamos realizando en nuestra vida, las decisiones que tomamos, van orientadas a llenar ese anhelo. Ya lo decía Chesterton: "Cuando se deja de creer en Dios, en seguida se cree en cualquier cosa". Con esto juega Canal Plus. La nueva religión se apoya en algo tan antiguo como el corazón del hombre.
Pero no nos engañemos, no hay nada material que pueda colmar plenamente el corazón humano. El Plus nos vende el culto a las series, la Coca-Cola nos dice que destapemos la felicidad, los que contratan los seguros Génesis son un treinta por ciento más felices y los que compran en Media Markt más listos que el resto. Pero nada de eso realmente va a llenar ese deseo de plenitud que tenemos.
Pensamos a menudo que la publicidad se dedica a generar en nosotros deseos y necesidades, con los que llevarnos a consumir sus productos. Pero no, en realidad la publicidad lo que hace es aprovechar esos anhelos más profundos que todos tenemos y orientarlos hacia el consumo de los productos que nos venden. El hombre descreído necesita un Dios, bien podrían ser las series, nos dicen.
Piensa por un momento si realmente quieres vivir plenamente. Piensa dónde pones tu corazón, y si de verdad aquello en que lo pones te hace feliz. Piensa la cantidad de decisiones orientadas que tomas pero que en realidad otros han tomado por ti porque nos han vendido una felicidad falsa o porque simplemente te has resignado y has aceptado el "todo el mundo lo hace". Piensa en si realmente eres capaz de pensar y actuar contracorriente o vives la vida como uno más que se deja arrastrar por las modas y las falsas promesas de plenitud de turno. Piensa dónde está posado tu corazón, es ahí donde está tu Dios, es ahí donde gastas tu tiempo en darle culto, es ahí donde se te va la vida cuando eso se termina. Piénsalo.
Feliz día, amigo lector, ¡hasta otra entrada! Dios te bendiga.

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