jueves, 26 de febrero de 2015

Candy Crush Saga

¡Querido lector!

No se si tienes la misma sensación que yo desde hace tiempo, de que los católicos a la hora de votar en España estamos muy desamparados. A los jóvenes de hoy nos pasa que hemos crecido en la famosa "sociedad del bienestar" sin haber conocido ese "espíritu de la transición" del que hablan nuestros padres. Quizás uno de los éxitos de partidos como Podemos radica ahí, en saber canalizar la desesperanza política de los jóvenes de los ochenta que hemos nacido en medio de la creciente prosperidad material que no llena.
La última afirmación para alimentar este desamparo que tuvimos que escuchar fue la de Celia Villalobos comentando contundentemente que "lo que no cabe en su partido son personas que dicen no al aborto". Ahí está...



Tres días después nos encontramos a Celia jugando al Candy Crush Saga en pleno discurso de su jefe Mariano en el Debate Sobre el Estado de la Nación. Vele ahíle...


¡Hay que reconocer que el Debate sobre el Estado de la Nación es bastante soporífero, y que el Candy Crush es muy adictivo! Pero no se trata de juzgar eso sino de preguntarse, querida Celia...

¿Importan más las vidas del Candy Crush que las del no nacido? ¿Y que el desamparo que sienten muchas chicas que se ven solas y culpabilizadas con su embarazo en vez de acogidas y acompañadas? ¿Y que los dramas de las madres que tanto sufren psicológicamente por haber abortado? ¿Y que las de tantas y tantas familias que tan mala situación están pasando y esperan que de ese congreso en el que se juega al Candy Crush salgan soluciones a sus fatalidades?

¿Lo arreglamos todo con pastillas? ¿O les mandamos vidas del Candy Crush a su Facebook para que se distraigan de sus heridas?

Soy católico, (¡claro!). Hecho mucho de menos del discurso político palabras como "caridad", "acogida", "donación", "entrega", "amor"... Quizás por eso siento el desamparo de no saber a quién votar. 

Pero me consuela que echar una papeleta en una urna cada cuatro años no es Dios. ¡A Él hay agradecerle cada día! ¡A Él presentarle nuestras heridas y las de los demás! ¡A los demás llevarles la alegría de que su vida, pese a todo, le importa a alguien! Y, por nuestra parte, que esas palabras no falten en nuestro discurso. Y en nuestro trata diario con los demás.

¡Hasta otra entrada, amigo! Dios te bendiga.

@PatxiBronchalo




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