lunes, 12 de enero de 2015

¡¿Libertad de expresión?!


Querido lector... Aún estoy impresionado por los sucesos acontecidos la semana pasada en Paris. Estremecido por la brutalidad de que hechos así puedan suceder y seguir sucediendo. Asustado por los nuevos modos que usan los terroristas para cometer su barbarie. Triste por el odio que hay detrás de estas acciones tan atroces.

Estoy totalmente en contra de hechos tan despiadados de terror y violencia, y totalmente a favor del derecho a la libertad de expresión. Ahora bien, también soy totalmente contrario a que esta última se utilice en el modo en que lo hacía la satírica revista Charlie Hebdo. Así no.


El modo en que esta publicación trataba el islam y el cristianismo es lamentable. Que haya libertad de expresión es fundamental en una sociedad, pero el mal uso de esta la corrompe y es también una forma de violencia, pues, aunque no derrame sangre, si que hiere los corazones de aquellos a los que ataca y las mentes de aquellos a los que hace creer que ese modo de expresarse es normal y bueno. Por eso yo no soy Charlie aunque condeno y repudio con toda mi fuerza los hechos.

Lo siento. No comparto que los talentos que hemos recibido para hacer el bien se puedan usar para el mal. No soy Charlie. Me identifico más con los cristianos que han dado su vida en Irak por su fe. Me llama más ser de esos nigerianos que día tras día están siendo asesinados por las milicias de Boko Haram en un genocidio (14.000 muertos es la cifra de 2014) por el que hecho en falta que haya manifestaciones de líderes mundiales. Soy mas del policía musulmán al que hemos visto morir tantas veces estos días en unos medios que parecen olvidar aquello de la "ética periodística" (que pensarán su familia y amigos teniendo que soportar ver una y otra vez ver esa imágenes), su muerte, por cierto, fue por ir a defender a aquellos que semana tras semana atacaban su fe en las portadas de una revista.

No todas las religiones son iguales, eso es cierto. Pero toda religión tiene algo muy visceral, arraigado en lo más profundo del corazón de la persona. La blasfemia contra lo religioso hace muchísimo daño. ¡Cuántas personas se habrán podido sentir mal por portadas como las que en estos días hemos visto estos días reproducidas en muchísimos medios de comunicación! A mi me han ofendido las que he visto atacando a la Iglesia, a Dios que es mi Padre, a la fe que tanta alegría me da en la vida. No seré yo el que las ponga en este blog de andar por casa, no por miedo a lo que vaya a decir un musulmán radical sino por respeto y porque me da vergüenza que bajo la preciosa bandera de la libertad se pueda justificar hacer ese daño.


Amigo lector, la libertad es maravillosa pero entenderla como "hacer lo que me da la gana en el momento que me apetece y pasando por encima de quien sea" es erróneo. No es mas libre el que hace lo que quiere sino el que elige hacer el bien en todo momento. No es más libre el que más vive encerrándose en si mismo mirándo su ombligo a cada minuto sino el que siempre elige salir al encuentro y ayuda de los demás. No es más libre el que vive odiando y repudiando al que no le cae bien o al que le ha hecho mal sino el que vive perdonando y amando a los que no le quieren bien. No es más libre el que guarda su vida para sus gustos, apetencias y placeres sino el que la gasta y desgasta con alegría por los demás. De todo esto, el protagonista de esos libros que llamamos Evangelios sabe mucho más que tu y que yo, algo podrá enseñarnos.

El problema de fondo es que en Europa ponemos el valor de la libertad por encima de la caridad, o pretendemos vivirlo sin ella. Pero no nos olvidemos, lo que ha hecho grande a nuestro viejo continente y lo ha unido alguna vez no ha sido la libertad sino el amor al prójimo. Lo único que puede arreglar esta decadencia derivosa que vivimos es lo que una y otra vez en la historia lo ha hecho: el Evangelio. El gran problema no es el terrorismo, ni el que se entienda o no la libertad de expresión, el gran problema es que donde no está Dios todo se corrompe.

Te invito a que tu también hagas una oración por la paz. Hasta otra entrada, amigo lector. Tienes derecho a no estar de acuerdo con esta. ¡Dios te bendiga!




1 comentario:

releante dijo...

Yo como católico tampoco soy Charlie. Un abrazo