jueves, 11 de diciembre de 2014

Nuestra vida es una provocación

"Que otros se pregunten 
el motivo de vuestra alegría"

Bendecito XVI

Querido lector... Es un privilegio poder llevar a Dios cada día allí donde uno se encuentra, a todas las personas con las que se está. ¡Un privilegio! Aunque, estoy seguro que a menudo te encuentras dificultades en esto de la evangelización, que te viene el desánimo o la pena por no ver los frutos en personas en las que se ha depositado gran esperanza, por parecer que no hay cambios en aquellos por los que tanto rezas. Eso pasa, si. Hoy quería contarte algo que me ha dado mucha luz a la hora de llevar a Dios a los alejados: no se trata tanto de darles respuestas como de suscitarles preguntas.


Vivimos en un mundo saturado de respuestas, donde continuamente estamos conectados recibiendo información de todo tipo, en el que introducimos directamente en el Google la cuestión que queremos saber para que este nos de toda la información, y nos pasamos horas muertas tratando de preguntar a Siri algo que no pueda encontrar. En medio de tanta información el Evangelio tiene el gran peligro de verse diluido como una respuesta más, la que dan los cristianos ante la vida.

Bien es cierto que las personas con las que te encuentras cada día necesitan respuestas y hay que darlas. Especialmente en los momentos de sufrimiento y dificultad la cruz brilla con toda su fuerza como el gran sentido de todas nuestras vidas. Si conoces a Dios sabrás que es así.

Pero mejor que vivir para dar respuestas en momentos puntuales es hacerlo además sabiendo que nuestro modo vida puede suscitar preguntas a otros en cualquier lugar y situación. Se trata de vivir cada cosa que hacemos como lo más importante que tenemos que hacer en ese momento, tratar a cada persona con la que nos encontramos como el mismo Dios la trata, juzgar cada hecho que nos rodea no desde la extendida queja fácil sino tratando de poner luz donde no la hay. Créeme que vivir así es vivir de una manera muy contraria a como vive la mayoría.

En el siglo dos un autor desconocido escribiendo a un tal Diogneto definió el modo de vida de los cristianos de una forma genial: "Los cristianos dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble". Y más recientemente el Papa Benedicto XVI nos cautivó a todos cuando en la explanada de Cuatro Vientos pronunció aquello de "¡que otros se pregunten por el motivo de vuestra alegría!". Fíjate que no dijo que fuéramos a dar respuestas a los demás sino a hacer que se pregunten.

La gente hoy tiene respuestas que no llenan, la nuestra no es una respuesta mas, ¡es la solución! Pero para llegar a que conozcan esas respuestas hay que hacerles ver las preguntas que hay detrás de esos anhelos y deseos que tienen sus corazones y que les llevan a tomar como dioses determinadas respuestas que terminan acostumbrando a vivir en insatisfacción conformista. Nosotros, los cristianos, podemos hacer que se pregunten qué hay detrás del vacío, podemos hacer de nuestra vida una provocación.

¿Se puede vivir así? ¡Se puede vivir así!

Feliz día, amigo lector, hasta otra entrada, Dios te bendiga.


2 comentarios:

Jesus Salmeron Barriopedro dijo...

el problema de las respuestas es que como nadie se pregunta .....que hago como vivo soy feliz etc las respuestas no le interesan

ANGELO ST dijo...

Si no nos planteamos la pregunta, es que no estamos caminando.