sábado, 17 de mayo de 2014

¡Europa, vuelve a encontrarte, sé tú misma!

Me tomo la libertad de titular esta entrada bloguera con las palabras que San Juan Pablo II dirigió a Europa desde Santiago de Compostela en noviembre de 1982. La palabra digital escrita no hace justicia de la gran fuerza y valentía con que el Papa pronunció aquella petición. Todo lo que se escriba se queda corto al lado de poder oír estas palabras de labios de este gran santo:

"Desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor:Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual, en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a las genuinas libertades. Da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. No te enorgullezcas por tus conquistas hasta olvidar sus posibles consecuencias negativas. No te deprimas por la pérdida cuantitativa de tu grandeza en el mundo o por las crisis sociales y culturales que te afectan ahora. Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo”.


Hace más de treinta años de este discurso que se comenta solo, ¡yo ni había nacido!, y sin embargo estas palabras, querido lector, tienen hoy plena actualidad, pues la falta de identidad es uno de los grandes problemas que vivimos hoy los europeos. ¿Quién es Europa? Ella misma parece no saberlo.

La Unión Europea es sin duda uno de los grandes logros recientes de la historia del Viejo Continente. Una unión que nació para suprimir fronteras y permitir el progreso de los países gracias a la mutua ayuda de todos. Una unión que nació en torno a lo único que en la historia había podido unir tantas diferencias nacionalistas: la fe en Cristo.

Tres de los cuatro padres fundadores de la Unión Europea eran reconocidos católicos, uno de ellos, Robert Schuman, está incluso en proceso de beatificación. Si miras la bandera podrás contar una corona de doce estrellas del color del Sol, sobre el color azul de la virgen María. ¿Interpretación interesada de este que escribe? No lo creo, el propio diseñador de la bandera confesó que es así. Hasta el famoso himno de Eurovisión, que seguro te vendrá a la mente fácilmente, es un Te Deum (canto de alabanza a Dios) del siglo XVII (¡esto me lo ha chivado mi amigo @JosueVillalon !).

Y hoy... Hoy parece que lo único que une a Europa es la economía, el dinero, los intereses para enriquecerse cada vez más, la compensación de la prima de riesgo. Los valores cristianos que hicieron grande a este continente y que desde aquí llevaron los misioneros por todo el mundo se ven ahogados por la ola del relativismo en el que nada es verdad salvo que nos avergonzamos de la fe sobre la que hemos cimentado toda nuestra historia. Una historia muy grande la de Europa, aunque a veces nos la quieran presentar oscura citando solo lo negativo.

Grandes inventos, grandes pensadores, grandes ideas... ¡han nacido en Europa! Universidades, hospitales, escuelas, casas de atención a los que nadie quiere... han nacido de la mano de grandes santos europeos que han dado la vida por la gran verdad evangélica del amor a Dios y al prójimo. Y han nacido aquí, en la civilización de nuestro continente. ¿No habría que preguntarse por qué ha sido así? ¿Y cómo avergonzarse de eso?

Hace poco en Eurovisión vimos nuevamente el ejemplo de este no saber quién se es. ¿Quién ganó? ¿Un hombre? ¿Un mujer? Europa no sabe quién es. Para entender bien el presente y construir el futuro hay que asumir y acoger el pasado. Los vacíos valores, fruto del cristianismo, que hoy vivimos tienen el peligro de ir decayendo más y más hasta desaparecer. La solución a lo vacío es fácil de entender: llenar de nuevo, poner fe, esperanza y caridad donde no las hay. Ser nosotros mismos, cristianos, pero no solo de estadística.

¡Qué razón tenía Juan Pablo II! ¡Y qué apasionante tarea la de llevar fe, esperanza y amor a cada persona que tenemos cerca! No seamos tampoco pesimistas... Hasta más leernos, amigo lector, Dios te bendiga.


3 comentarios:

Rubén Amor dijo...

La pérdida de sentido HUMANIZANTE por parte de las ciencias es la gran culpable de la pérdida de identidad de Europa.

ANGELO ST dijo...

El resultado de las elecciones europeas nos dicen los frutos que esta Europa está dando. Pues que sigan apartando a Dios. Luego... que no se quejen, que no nos quejemos de la ruina moral y económica.
Un abrazo

Mensajero del Amor de Dios dijo...

A los Católicos se nos llama ser testigos del amor de Dios*. Por ello estamos promoviendo una iniciativa que pretende llenar la red de testimonios reales de este amor de Dios. Para ello estamos invitando a los diferentes blogueros católicos de la red a crear una entrada en su blog un tanto especial: una entrada donde hablen un poco de ellos mismos, de como conocieron a Dios y su amor, y de que les impulsó a empezar a escribir el blog. En definitiva: su testimonio.

Dado que su blog ya posee este testimonio personal, lo hemos incluido en nuestra iniciativa, ya que imaginábamos que lo había escrito para que se conociera. Si esto no fuera así, comuníquenlo y lo retiraré de inmediato. Pueden ver la iniciativa que llevamos a cabo (aún en fase inicial) en:

Testimonios Blogueros

Si te interesa esta iniciativa, puedes apoyarla de alguna de dos formas extra (a tu elección):

1 - Apoyar y difundir la iniciativa con algunos de los logos que ponemos a tu disposición, o bien enlazando la página de la iniciativa.
2 - Si conoces a algún otro bloguero católico, invitale a unirse a la iniciativa, y de está forma sumaremos más testimonios de fe a los ya existentes.

¡Gracias, y la paz!

* - En las diversas jornadas mundiales de la juventud, se ha invitado siempre a los jóvenes (y no tan jóvenes) ha ser testigos del amor de Dios, como por ejemplo dijo el Papa Benedicto XVI en un mensaje de preparación a la Jornadas del 2013 en el que decía "Que la Virgen María, Estrella de la Nueva Evangelización, [...] os acompañe en vuestra misión de testigos del amor de Dios". Lo mismo hicieron sus precursores, como el Papa San Juan Pablo II en la jornada mundial de la juventud de 2002: "Es un mundo que necesita ser tocado y curado por la belleza y la riqueza del amor de Dios. El mundo actual necesita testigos de ese amor. Necesita que vosotros seáis la sal de la tierra y la luz del mundo".