sábado, 31 de mayo de 2014

Cómo vive el celibato un cura...


 De vez en cuando, cada pocos meses, el tema del celibato de los curas salta a los titulares de todos los medios con la aparente gran novedad de que está a punto de ser abolido por el Papa y que dentro de poco los sacerdotes católicos van a poder casarse. No deja de tener gracia que los medios que más atacan el matrimonio cristiano y la familia son los mismos que con más ímpetu defienden que los curas se casen por la Iglesia. Se les ve un poco el plumero, ¿no?

Estos titulares nos dan también la falsa idea de que parece que todos los curas estemos en una batalla por el derecho a tener una esposa e hijos, como si fuésemos una especie de sindicalistas en la base que presionan a la patronal de la jerarquía ante una injusticia gravísima. Y yo, querido lector, cura católico y feliz de serlo, quería escribir hoy lo que para mí supone el celibato.

Hace casi dos años recibí el mayor regalo de mi vida, fui ordenado sacerdote, junto a mis dos compañeros de curso en el seminario. Fue el fin de una etapa preciosa que comenzó con diecisiete años cuando por primera vez escuché la voz de Dios llamándome a servir como cura, y que continuó en el seminario entre los estudios, las oraciones, el discernimiento, las alegrías y las dificultades lógicas de cualquier chaval que quiere corresponder con sinceridad y autenticidad a lo que Dios quiere para su vida. La ordenación fue también el inicio de una vida nueva, de toda la que me queda, ya como cura, al servicio de Dios y de los demás. Dios había cumplido la promesa que unos años antes hizo en la llamada.

Cuando entré al seminario sabía de sobra que la vida que Dios me pedía era una vida de consagración, y el celibato era parte de ella. Cualquier chico que entra al seminario sabe eso, nadie vive engañado desde el principio. Y cualquiera sabe que el celibato es una ley de Iglesia, por tanto,  está sujeta a poder cambiar. No pasa lo mismo con las leyes naturales, o con las cosas que están instituidas por el mismo Cristo. El celibato no es un dogma de fe, cualquier seminarista y cura sabe eso que ahora el Papa ha recordado y que los medios ponen como gran novedad. ¿No será por el desconocimiento que tienen de la vida de la Iglesia? Habría que preguntarse, amigo lector, ¿por qué en la Iglesia ya desde los orígenes ha habido sacerdotes célibes, y ello pasó a ser para todos? Respondo desde mi experiencia.

Para mí el celibato es una parte muy importante de ese regalo que recibí en la ordenación. No es una carga pesada, no es una mutilación, no es una terrible renuncia, no en un peso imposible de llevar, es un regalo que me permite vivir el ser cura con una mayor cercanía y entrega a los demás. El celibato me permite poder llegar más a la vida de la gente que lo necesita. Si tuviera mujer e hijos seguro que les querría mucho, pero seguro también que no podría llegar y estar con muchas personas que necesitan de la cercanía del sacerdote, simplemente porque, como es lógico, primeramente tendría que ocuparme de mi familia.

Como cura conozco a muchas personas, las ves pasar y crecer día a día, te confían parte de su vida como un tesoro precioso y sagrado, te alegras con sus alegrías, sufres con sus sufrimientos, ves con gusto como todo el que acerca a Dios tiene una vida más feliz, y sientes con dolor cuando algunos se alejan de Él y notas su tristeza.  Todos los días le pido a Dios varias cosas, y realmente Él las concede:

Mirar a todos con sus ojos de misericordia, de amor, de paciencia, de cariño. Poner las vidas de tantas personas en sus manos, sobre todo las inmensas dificultades que ves que cada uno tiene y que yo por mis fuerzas no puedo arreglar. Saber custodiar con delicadeza esa vidas que Dios ha puesto en mi camino, saber dar la palabra, el gesto o el silencio que más necesitan para que Él se derrame en sus vidas. Y estoy seguro que, sin el celibato, no podría vivir esto cada día, no podría. Un gran amor a Dios lleva a un gran amor a los hermanos, y viceversa, el don del celibato nos ayuda a los curas a centrar en Él todo nuestro amor para que llegue a los demás.

Lo que voy a decir te sonará a chiste, amigo lector, pero puede pasar: quita a Dios de la vida de la Iglesia, quita a Dios de la vocación del sacerdocio, quita a Dios de la oración diaria, quita a Dios del don del celibato... y estarás viviendo un purgatorio horrible, una vida fraccionada, farisea y sin sentido. Pon a Dios en todos esos lugares, vive el celibato ofreciéndote a Él con alegría cada día y tienes un trocito del Cielo ya aquí en tu vida. Así lo vive este cura que te escribe, querido lector, y que está muy contento de ser célibe, aunque muchos medios de comunicación a los que no les importa Dios y la Iglesia (¡y algunos hasta se llaman católicos!) se empeñen en decirte lo contrario. Y por cierto, conozco muchísimos muchísimos curas que te dirían lo mismo que yo.

¡Hasta más leernos, amigo! Dios te bendiga.



7 comentarios:

Mensajero del Amor de Dios dijo...

A los Católicos se nos llama ser testigos del amor de Dios*. Por ello estamos promoviendo una iniciativa que pretende llenar la red de testimonios reales de este amor de Dios. Para ello estamos invitando a los diferentes blogueros católicos de la red a crear una entrada en su blog un tanto especial: una entrada donde hablen un poco de ellos mismos, de como conocieron a Dios y su amor, y de que les impulsó a empezar a escribir el blog. En definitiva: su testimonio.

Dado que su blog ya posee este testimonio personal, lo hemos incluido en nuestra iniciativa, ya que imaginábamos que lo había escrito para que se conociera. Si esto no fuera así, comuníquenlo y lo retiraré de inmediato. Pueden ver la iniciativa que llevamos a cabo (aún en fase inicial) en:

Testimonios Blogueros

Si te interesa esta iniciativa, puedes apoyarla de alguna de dos formas extra (a tu elección):

1 - Apoyar y difundir la iniciativa con algunos de los logos que ponemos a tu disposición, o bien enlazando la página de la iniciativa.
2 - Si conoces a algún otro bloguero católico, invitale a unirse a la iniciativa, y de está forma sumaremos más testimonios de fe a los ya existentes.

¡Gracias, y la paz!

* - En las diversas jornadas mundiales de la juventud, se ha invitado siempre a los jóvenes (y no tan jóvenes) ha ser testigos del amor de Dios, como por ejemplo dijo el Papa Benedicto XVI en un mensaje de preparación a la Jornadas del 2013 en el que decía "Que la Virgen María, Estrella de la Nueva Evangelización, [...] os acompañe en vuestra misión de testigos del amor de Dios". Lo mismo hicieron sus precursores, como el Papa San Juan Pablo II en la jornada mundial de la juventud de 2002: "Es un mundo que necesita ser tocado y curado por la belleza y la riqueza del amor de Dios. El mundo actual necesita testigos de ese amor. Necesita que vosotros seáis la sal de la tierra y la luz del mundo".

Jesús Salmerón dijo...

El celibato es una ley de la iglesia que aceptan todos al ofrecer su vida al sacerdocio y como forma de vida católica siempre sera criticada sobre todo por gente que no aprecia la Iglesia

paqui dijo...

Damos gracias a Dios por estar cerca de las personas que os necesitan y tambien por consagraros al Señor. Solo Dios sabe lo que es el Amor incondicional, sin pedir nada a cambio esperandonos con los brazos abiertos.Gracias por servir al Señor y darnos lo mejor de El por medio del Sacramento de la Penitencia. Unidos por Cristo.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con el contenido del post, pero si el sacerdote que lo escribe sólo lleva dos años ordenado, me parece entender que es muy joven todavía. Esperemos que dentro de veinte, piense y sobre todo, sienta lo mismo que ahora.

ANGELO ST dijo...

Pues a mi me alegra que hayas dado tu testimonio. Aparte de todo lo que pueda pensarse sobre el tema, de foma teológica, tradicional o demás razonamientos, yo como casado con hijos, solo puedo decir que el celibato es lo más práctico para el sacerdote. Veo en el hospital que trabajo, como a cualquier de la noche, se solicita la presencia del sacerdote para los últimos sacramentos. Veo la cantidad de reuniones, encuentros, confesiones, sacramentos que administrar, eucaristías, despacho parroquial... A mi las cuentas no me salen. O se dedica a su vocación por entero, o se dedica a la familia por entero, a medias, a ratos,... Un sacerdote tiene poco tiempo libre. Claro está, yo hablo de esos que están comprometidos...
Un abrazo

Rafael Mateos dijo...

San Pablo, escribiendo de los obispos, de los ancianos y de los diáconos, los supones a la mayoría que estaban casados, dictándoles deberes en consecuencia, ocupándose también en forma especial de sus esposas y las reglas de vida a seguir.
"Pero es necesario que el obispo sea irreprensible,marido de una sola mujer.....que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad ( pues el que no sabe gobernar su propia casa,¿ cómo cuidará de la iglesia de Dios? )
1ª TIMOTEO 3:2, 4-5
La opinión general de muchos católicos sinceros es que el Señor desde el principio determinó que los ministros religiosos debían ser célibes y que voluntariamente esto había sido práctica de los apóstoles y sucesores.
Nada más lejos de la realidad.
Por eso cuando oyen que muchos obispos y ministros de los primeros siglos estaban casados, se quedan atónitos.
Saludos

alejandra fernandez dijo...

...hola patxi....Dios te bendiga..!! ( carita feliz )....tus palabras son bellas.....son testimonio....y las ovejas ( aunque "negritas" como yo - otra carita feliz - ) las escuchamos....
...gracias...